Inmóvil, acompasando su respiración, fijando la vista y la atención en un solo punto, el yoguin rebasa experimentalmente la modalidad profana del existir. Comienza a volverse autónomo respecto del Cosmos; las tensiones exteriores no lo perturban ya (...); la actividad sensorial no la proyecta más hacia fuera, hacia los objetos de los sentidos; la corriente psicomental no se ve ya violentada ni dirigida por las distracciones, los automatismos y la memoria: está 'concentrada', 'unificada'.
Mircea Eliade. El Yoga.